24/10/07

EL MERCADO DE SANTO DOMINGO





El mercado de Santo Domingo me pareció increíble, realmente bonito. Sabía bien donde estaba y sin embargo no había estado nunca. Por supuesto, nunca imaginé que fuera tan grande, y mucho menos que tuviera dos pisos.



Esa mañana hacía mucho frío y tras llegar al centro en villabesa, anduve hasta el mercado pensando en mis cosas, de modo que al llegar allí con mi cámara me quedé paralizada y
aterrada. Me daba pánico tener que hacer fotos a aquellas personas que no dejaban de mirarme. Nunca me había sentido tan observada.


En un principio, quería que cada persona sólo tuviera que verme una vez y olvidarse de mí para siempre.; sin embargo, eso no fue posible porque al final decidí dar una primera vuelta y situarme para perder la vergüenza. Era tal el descaro de algunos que incluso podía leerles el pensamiento; clavaban su mirada en mí, me miraban como a un bicho raro y el pánico volvía. Me arrepentí una y otra vez de no haber ido acompañada.



Pienso que si en algo destaco entre es en que soy bastante abierta; las personas mayores deben ver en mí a una chica simpática y fiable porque siempre me dirigen la palabra allí donde voy; así que, no iba a rajarme ahora. Era mi oportunidad de ser la persona más amable del mundo.




Empecé mi recorrido por las señoras que vendían bacalao. Me parecieron muy simpáticas y se dejaron fotografiar sin problemas; incluso pareció que les alegré la mañana. Muchos abueletes posaban para mí y es así cómo descubrí que es más sencillo fotografiar a los compradores o paseantes, que a los vendedores. Algunos
pasaban allí toda la mañana, era como su segunda casa.







No era una mañana muy concurrida en el mercado y pensé que no encontraría niños. Sin embargo, no perdí la oportunidad al ver dos, con sus respectivas amatxus; y tras preguntar educadamente si podía sacarles unas fotos, no dudé en hacer unos primeros planos de Álvaro y Pablo, que así se llamaban.




Por lo visto, nadie quiere salir en el periódico y tenía que dar todo tipo de explicaciones sobre mi vida y mi práctica. De lo contrario, no se dejaban fotografiar.




No tardé mucho en reconocer al carnicero del cual nos habían hablado en clase pues nos habían enseñado una fotografía suya con un pedazo de animal entre las manos, y que no tenía intención de ver de nuevo. Tampoco tardé en convencer a la frutera que me preguntó si me importaba que saliera comiéndose un melocotón. Por supuesto, yo le dije que no e hice mi trabajo lo mejor que pude.



Acababa de desayunar, pero no rechacé una deliciosa pasta que me ofreció el vendedor de rosquillas. El no quería salir en las fotos, pero sí aquel espectacular puesto de dulces
. Así que lo fotografié junto a una tímida compradora que se puso como un tomate al verse fotografíada.


Cada vez me animaba más. Sin embargo, el carrete se estaba acabando y por tanto mi mañana en el mercado también. Decidí sacar mis últimas fotos al lugar y salí de allí orgullosa y sonriente mientras todos se despedían de mí una última vez.



Sin duda, un día de éstos volveré y compraré pastas. No será como primera vez, pero sí igual de agradable.







18/10/07


MI PELUCHE

Sólo tengo un peluche en mi habitación, ningún juguete más. Preside mi cama y lo tengo desde que mis abuelos me lo regalaron unas navidades hace unos doce años. Es una coneja con un lazo rosa, y su nombre es Natacha. Está vieja y posiblemente un poco sucia. Pero ahí sigue, a mi vera. Allí donde vaya yo.

Una de mis compañeras de piso, Nuria, la desprecia, dice que está sucia y la tira. Yo me enfado porque ella no entiende que llevo con ese peluche desde que era una niña.
A Leti tampoco le gusta Natacha. Y no es para menos. Suele venir a dormir a casa de vez en cuando, pero un día lo pasó mal; tuvo pesadillas con Natacha. Nunca me ha contado lo que pasó, pero desde entonces no quiere dormir cerca de mi peluche.
Tenía claro que Natacha iba a ser mi juguete fotografiado…, hasta que llegó el momento de hacer la práctica. Estaba en mi habitación, hice una buena
composición, saqué una foto, y no me gustó. Así que decidí cambiar inmediatamente de juguete. Me dirigí al cuarto de mi amiga y cogí unos muñecos de colores que estaban perfectamente ordenados. Sin duda, ellos colocados fueron mi escenario.
Telas, trapos y pasminas estratégicamente colocados fueron mi escenario. Focos y distintos flexos también. Y el mejor aliado: el espejo de mi habitación. Realicé mis fotos con ganas, esperaba que salieran bien y creo que así fue. Me gustan los contrastes de colores y las distintas iluminaciones, y creo que he conseguido algo de lo que quería.

Natacha se quedó de lado, pero no otro juguete que tenía en una de mis baldas. Mi hermano me regaló hace unos años un nomo que a mi me encanta, pero como era de esperar, a todo el mundo le parece feo, especialmente a Nuria.
Fue una mañana entretenida. Estuve sacando fotos hasta la hora de comer. Pasé horas tirada en el suelo entre peluches y telas, mientr
as Paula y Nuria se reían de mí y de mis ocurrencias sobre las composiciones de mis distintos escenarios creados para una sesión de fotos a juguetes.

Lo único malo de la realización de ésta práctica fue el aspecto con se quedó mi habitación al terminar. Aquello era una leonera. No suelo tener la habitación muy ordenada, pero eso era demasiado. Este año estoy mejorando considerablemente con respecto al pasado. Pero la competencia es alta. Nuria es adicta al orden, es muy perfeccionista; y además vive en la habitación de al lado. Me ha dicho varias veces que si mi madre viera este año mi habitación, estaría orgullosa de mí. Y es que ésta dice que soy peor que mi hermano, que ya es decir.


Esa misma tarde decidí llevar las fotos a revelar. Pero nunca pensé que horas después las abriría y encontraría las de una familia desconocida para mí, de vacaciones. No quise cotillear y llevé de nuevo las fotos a la tienda.


Mi agilidad me salvó; y es que tuve la suerte de que las fotos del peluche nunca habían salido de la tienda. Nadie había ido a recogerlas y sanas y salvas llegaron a mí.

16/10/07

HISTORIA DE UN ÁRBOL



Difícil es la elección de uno entre tantos. Pero no para mí que los tengo en casa. Se trata de las viñas cultivadas en las laderas del monte de Bilbao. Éstas recorren 6,5 hectáreas que pertenecen a mi familia desde hace décadas, sin embargo, la cosecha tan sólo tiene 2 jóvenes años.
Por tanto, mi elección no es la de un único árbol, sino la de un conjunto de ellos, algo tan sencillo como una serie de parras con uvas; lo cual ha emocionado a mi padre más que a ningún otro ya que estoy fotografiando "sus parras".

Antes de llegar a mi destino para la realización de ésta práctica, ya sabía exactamente hacia dónde me iba a dirigir de entre todas esas hileras de árboles.La semana pasada, mi abuela dando uno de sus largos paseos descubrió entre aquel montón de uvas "Ondarribi Zuri" (que así se denomina ésta) una parra de uvas Antes de llegar a mi destino para la realización de ésta práctica, ya sabía exactamente hacia dónde me iba a dirigir de entre todas esas hileras de árboles.La semana pasada, mi abuela dando uno de sus negras. ¡Qué raro! pensarían algunos; pero tan sólo se trata de una minúscula semilla que se ha colado entre el resto. Incluso apostaría que hay más. Pero la curiosidad no me mata y espero tranquila a que mi abuela venga emocionada a decírmelo.

Lo más interesante fue sin duda mi espedición por todo aquel bosque de insectos y animales. Entre topos, lagartijas, mariposas y arañas, además de hortigas, estaban aquellas uvas.
Aunque la experiencia fue divertida, no lo fue tanto empotrar mi cara contra una tela de araña nada agradable y no comerme de milagro una gran araña amarilla. Aun así, de toda experiencia se aprende, y es que descubrí que un montón de arañas hacían sus telas cruzando los caminos de un lado a otro y no entre las parras como imaginaba hasta ahora.
Pero todavía no he contado lo más importante. ¿Qué obtenemos de todas estas uvas? ¿Cómo lo obtenemos? El procedimiento para obtener el Txakoli (un vino blanco), es sencillo. Tras someter la uva Ondarribi Zuri a una larga maceración prefermentaria con el fin de extraer todo el potencial de la uva, se prensa durante 21 días a 14º C. Finalizada la fermentación se somete el Txakoli a diferentes trasiegos. Y por último, se tiene en reposo durante un més en las bodegas y se embotella.

Para finalizar la historia del árbol y como curiosidad se puede observar en las fotos que este tipo de uva no es como las que estamos habituados a ver, sino que se encuentran mucho más unidas y son más pequeñas.